Patente original Nº 2,026,082 (1935) por Charles Darrow / Oficina de Patentes de EE. UU. (Dominio Público).
Durante casi cincuenta años, la empresa Parker Brothers imprimió un folleto dentro de cada caja de Monopoly que contaba una hermosa historia: durante la Gran Depresión de 1930, un vendedor desempleado llamado Charles Darrow ideó el juego para entretener a su familia. Darrow dibujó el tablero en un hule, talló las casitas de madera y se hizo millonario vendiendo su invento.
Era el sueño americano perfecto. Pero era una total mentira.
La auténtica creadora del juego fue una mujer extraordinariamente avanzada a su tiempo: Elizabeth "Lizzie" Magie. Nacida en Illinois, Magie era escritora, poeta, actriz y una de las poquísimas mujeres de su época que trabajaba como ingeniera y mecanógrafa.
Magie era una ferviente seguidora del "georgismo", una teoría económica que defendía que la tierra y la naturaleza debían pertenecer a toda la humanidad por igual, y que los impuestos debían penalizar a los grandes terratenientes que se enriquecían a costa de los demás.
Para explicar esta compleja teoría a la gente común, Magie diseñó en 1903 un juego de mesa llamado The Landlord's Game (El Juego del Propietario). Lo patentó legalmente en 1904, treinta años antes de que Charles Darrow pisara una oficina de patentes.
Un juego con dos caras: Prosperidad vs. Monopolio
Lo más irónico de la historia es que el juego original de Magie tenía dos conjuntos de reglas totalmente opuestos:
Las reglas de la Prosperidad: Cuando un jugador compraba una propiedad, todos los demás ganaban dinero. El objetivo era que todos se enriquecieran juntos de forma cooperativa. Si alguien prosperaba, la comunidad ganaba.
Las reglas del Monopolio: El objetivo era comprar propiedades, cobrar alquileres abusivos a los rivales y aplastarlos hasta dejarlos en la bancarrota absoluta.
El propósito educativo de Magie era brillante: quería demostrar de forma lúdica que las reglas monopolistas destruían la economía y generaban miseria. Ella quería que la gente viera lo injusto que era el sistema.
La copia y la traición comercial
El juego de Magie se volvió muy popular en los círculos universitarios de la Costa Este de EE. UU.. Los estudiantes y las familias hacían sus propias copias caseras en cartones, modificando los nombres de las casillas por calles locales de sus ciudades (como las de Atlantic City).
En la década de 1930, una de estas copias caseras llegó a manos de un hombre llamado Charles Darrow. Al ver el tremendo potencial del juego, Darrow copió el tablero, se quedó exclusivamente con las reglas del "Monopolio" (eliminando la variante cooperativa) y lo rebautizó simplemente como Monopoly.
Darrow acudió a Parker Brothers. Tras un rechazo inicial, la compañía compró los derechos, comercializó el juego a nivel mundial en 1935 y convirtió a Darrow en el primer diseñador de juegos de mesa millonario de la historia.
El silencio comprado por 500 dólares
Cuando Parker Brothers descubrió que la patente original pertenecía legalmente a Lizzie Magie y que podían enfrentarse a una demanda multimillonaria por plagio, tomaron una decisión corporativa fría: viajaron a ver a Magie y le compraron su patente original por apenas 500 dólares.
A Magie, que ya era una anciana, no le importaba el dinero; la empresa le prometió que fabricarían su juego original (The Landlord's Game) para que su mensaje político se difundiera en las escuelas. Parker Brothers cumplió a medias: imprimió unas pocas copias del juego de Magie que pasaron desapercibidas, mientras enterraban su nombre en el olvido y promocionaban la falsa historia de Darrow.
Prueba documental: Puedes consultar el Reglamento Oficial de Parker Brothers (Edición 1954 en español) para ver cómo se consolidaron estas reglas comerciales en nuestro idioma tras la compra de la patente.
Lizzie Magie murió en 1948 sin recibir apenas reconocimiento ni regalías por el juego de mesa más vendido de todos los tiempos. Su nombre no se recuperó oficialmente hasta la década de 1970, durante un famoso juicio de marcas en los tribunales estadounidenses.
Hoy en día, cada vez que abrimos un tablero de Monopoly y competimos por arruinar a nuestros amigos, estamos jugando exactamente a la distopía económica de la que Lizzie Magie intentó advertirnos hace más de un siglo.